A fondo con Manuel García Villalba, Presidente de Resurgir

Una entrevista de Ernesto B. Seijas

A primera vista es afable y sonriente, se le notan los rasgos cariñosos de la tolerancia y del compromiso, también las manchas del trabajo y las preocupaciones, así como su disposición a no arrojar la toalla y luchar por la continuidad de Resurgir otros 25 años. Es rígido en algunas de sus decisiones, necesarias para que el barco siga flotando y los marineros a bordo hasta en los peores tiempos, y por supuesto es capaz de solucionar una eventualidad en cualquier situación y de dirigir a casi cien voluntarios con la distinción y certeza que lo ha hecho hasta aquí.

anuel García Villalba fue fundador de Resurgir y sigue siendo su Presidente. Un presidente que no aceptaba realizar esta entrevista, mostrando su faceta más retraída, intentando por todos los medios convencernos que no era necesaria. Nuestra insistencia y su afán de servicio a los demás lograron convencerle.

—Hasta aquí se han vivido 25 años de servicio desde aquel nacimiento que un grupo de matrimonios decidió emprender en beneficio de los demás. ¿Cuáles fueron los orígenes?

—Yo si miro hacia atrás creo que hay una parte de concienciación en el sentido de mirar la sociedad que nos rodea. En aquellos momentos nos veníamos reuniendo un grupo de matrimonios dentro del humanismo cristiano que buscábamos hacer algo a favor de los demás desde pie de obra, pisando los terrenos que los vulnerables pisan. Algunos pertenecíamos también a otro grupo en Safa Funcadia que nos reuníamos para profundizar en el evangelio, manteniendo esa mística que sirve para el creyente y el no creyente. Ese es el Humanismo Cristiano del que venimos. Desde ese grupo de matrimonios nace Resurgir, ayudando a familias en situación de pobreza, pero nos dimos cuenta que usábamos un paternalismo humillante del superior al inferior, que ocurre cuando la gente no es protagonista de su propia solución y eso había que cambiarlo aunque no fuera fácil, como no lo fue llegar a fórmulas que se entendiese que el que está en una situación de precariedad sea al mismo tiempo la persona actora de su propia solución. Nosotros seremos sus compañeros y les facilitaremos medios, de ahí tardamos en descubrir el formato de lo que es un Economato Social y Solidario como es Resurgir.

—¿Cuáles son los pasos que se dan para llegar a poner en marcha este Economato? ¿Trabas, facilidades, ayudas, acercamiento de instituciones?

—Cuando pusimos en marcha el Economato no podíamos imaginar que esto iba a cumplir 25 años ni que las instituciones se iban a implicar con tanto compromiso y tanta sensibilidad social como lo han hecho hasta ahora. Nosotros lo que queríamos hacer era un complemento directo, fácil, y con efecto multiplicador con las Cáritas parroquiales, ahí se inicio una parte de lo que fueron los primeros meses de Resurgir. Después nos llevó a pensar que las Cáritas no tenían medios suficientes para atender el volumen de necesidad que se les venía encima, ni llegaba la información de muchas familias en esa situación de precariedad, por eso queríamos descubrir otras fórmulas para llegar a esas familias. Eso nos puso en contacto con la política social de la Junta de Andalucía con quien firmamos un acuerdo para atender a las familias que solicitaban el bono social, un carnet que servía durante el periodo de tramitación, unos tres meses, que se les atendía a través del Economato. Eso fueron cientos de familias que quedaron cubiertas durante esos meses.

—¿Cómo se articula la decisión de quién puede ser beneficiario del Economato?

—Se hizo desde el principio, en 1999, un estudio sociológico muy detallado de la capital, de los barrios, del tipo de pobreza… y se valoró desde la pobreza extrema a una pobreza relativa que nos desveló una sorpresa que nos hizo reflexionar, casi con estupor: la pobreza extrema estaba más concentrada en el centro de la capital que en otros barrios, y eso nos despertó. Esto nos ayudó a entender por una parte la situación sicológica del pobre o empobrecido que existía en nuestro entorno, y al mismo tiempo que teníamos que entrar en un plano mucho más activo en el que a través de una Revista anunciar casi proféticamente buenas noticias y denunciar posibilidades y otras alternativas para crear una sociedad con menos desigualdades. Por eso editamos esta Revista. Independientemente de todo este trabajo hemos tenido momentos muy difíciles.

—¿En qué momento pensáis: esto está en marcha?

—Fue en el 2008, tomando una cerveza. Nos dimos cuenta de que estábamos atendiendo a menos familias y llegamos a sopesar si debíamos hacer un aterrizaje suave y dejar todo en manos de otras gentes. La vida es muy irregular. Pero mira por dónde, al final de ese año entramos en una crisis que se revela de forma durísima en 2009 y la situación pasa de tener unos 13.000 pobres a 34.000 personas en situación de pobreza al final de ese año. Eso nos hace activarnos después de comprobar los datos que nos ofrecía el Observatorio Social que teníamos en funcionamiento. Eso nos hizo asustarnos y organizamos unas jornadas en la Universidad sobre las causas de la pobreza en Huelva concretamente, que nos llevó a muchas conclusiones que han servido para crear un grupo de estudio, un máster, para gestionar la pobreza y establecer un espíritu solidario a través de esos cursos que dan en la Universidad. Esto nos ayudó a entender que la pobreza no se iba a apartar de la sociedad porque está enquistada en ella.

—¿Y por qué está enquistada?

—Los años de la crisis, unos diez años, fueron terribles, dejaron una huella en la clase media difícil de superar; en algunas situaciones se han reciclado pero en otras, nos consta, sabemos, que están imposibilitados para llegar a final de mes y el enquistamiento se produce fácilmente: tienes un trabajo y de pronto tienes un problema de enfermedad, un problema que te afecta y tienes que dejar de trabajar y ya no recibes los mismos ingresos, o tu pareja que se ha quedado en el paro y no recibe los mismos ingresos, o tienes un problema de enfermedad dentro de la unidad familiar, se produce cualquier contingencia adversa que hace que estas situaciones se vayan acumulando, no es algo que pasas por ello y se resuelve de inmediato cuando encuentras un trabajo inmediato. Tú tienes un vacío por el que necesitas el apoyo de una institución que esté al lado tuyo en todo momento, que te arrope, que te acompañe, que te entienda, que te escuche, porque la pobreza, cuando es económica, no es solo económica, es una pobreza de ideas, de salud, de comunicación, es una pobreza psicológica, de muchos sentidos que afecta al alma humana que genera enfermedad. Si quieres verlo desde el punto de vista mercantilista afecta al costo que produce al país estas situaciones que son terribles y que crean enfermedades crónicas.

—¿Cuál fue el momento en que dijisteis, vamos a tirar la toalla?

—Ese momento no ha existido. En ningún momento se ha planteado arrojar la toalla y darnos por vencidos. Ni cuando llega el Covid, que parecía que era la situación de sálvese quien pueda, ni en esos momentos. Por el contrario en Resurgir hubo gente que dijo, nosotros seguimos adelante. Yo me plantee que era responsable de una organización seria que no podía dejar en la cuneta a nuestros usuarios. Se implantaron todas las medidas necesarias de prudencia, de protección sanitaria, se instalaron purificadores, pero no podíamos abandonar el barco.

—Pese a ese reconocimiento por la labor de Resurgir no se puede obviar que también hay críticas en la calle en ocasiones por el tipo de beneficiario que a veces se ven comprar, y se comenta que no parece lógico que esté haciendo uso de este Economato y sin embargo pueda llegar a comprar en un coche lujoso. ¿Cómo se ve esto desde Resurgir?

—Es muy fácil juzgar desde fuera, no sabemos exactamente lo que esa persona está pasando. Yo puedo contar un hecho real de una familia que pidió ayuda y en aquel momento no se le pudo ayudar porque estaba la situación muy cerrada, y pese a su buen aspecto y forma de vestir, llegó a pedir para desayunar. No pudimos hacer nada en aquel momento, aunque unos minutos más tarde reaccionamos, salimos en su búsqueda y observamos que se están montando en un monovolumen. Le llamamos la atención por la circunstancia de pedir ayuda y sin embargo venir en ese tipo de coche y, para nuestra sorpresa nos abrió la puerta del vehículo y nos mostró los colchones que tenia puestos para que sus hijos pudieran dormir. Nos quedamos absolutamente helados, sin palabras.

Recuerdo otro caso. Nos alertaron que una familia, la compra la estaban cargando en un coche muy lujoso, pero al preguntarle nos demostró que se lo había prestado su vecino para que pudiera venir hasta Huelva a hacer la compra. Esa es la solidaridad que vemos a diario en Resurgir. No podemos saber cuál es la situación de cada familia que es usuaria de Resurgir y por eso intentamos hacer una valoración sana de la realidad.

—Resurgir ayuda a las familias más desprotegidas de Huelva pero ¿intenta, al mismo tiempo, aportar soluciones a su realidad?

—No podemos quedarnos en la cáscara de las cosas. Hay que profundizar y buscar el interior, conocer a la gente que se acerca a nosotros, saber su situación. Nosotros no actuamos nunca solos, paralelamente trabaja un grupo de personas, los propios servicios sociales de las administraciones que colaboran con Resurgir, que son los que analizan a la familia, comprueban su estado actual y proporcionan la información necesaria de su situación para aportarles la mejor solución en cada momento. Puede haber picaresca, claro que sí, la hay, pero como en todos los ámbitos de la sociedad. No podemos olvidar la economía del pobre. Es decir, quién puede juzgar si una familia lleva más aceite del que consideramos suficiente, pero quién puede saber si ese aceite es para cambiárselo al vecino por otro producto, un par de zapatos, por ejemplo, que también le es necesario para su supervivencia. Eso es lo que llamamos auténtica economía de la pobreza. Mi mujer dice muchas veces que “mas sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena”.

—¿Qué mensaje habría que enviarle a la sociedad en conjunto y a las administraciones en particular para que comprendan que la situación no ha cambiado en muchísimos años y la labor de este Economato Resurgir es necesaria aún y tiene que seguir funcionando?

—Yo siempre pongo un ejemplo: esto es un rio de dos orillas, en una parte están los que tienen una cierta defensa para subsistir y en la otra están los desinstalados que no llegan a final de mes, que no tienen para comer, y que tienen cargas de todo tipo. Lo que hay que hacer es tender puentes siempre para que eso no exista, hay que facilitar esos puentes para que esas familias puedan cruzar y pasar a la otra orilla. Es muy fácil en la vida que en algún momento puedas estar en esa orilla que nadie queremos. Nunca estamos seguros, y los cambios y la evolución tecnológica que se están produciendo van a provocar esa situación en el futuro. Resurgir tiene que ser y será siempre, mientras los voluntarios sigan poniendo el corazón, una organización que está al servicio de la gente que sufre, y debe tener apoyo de todas las instituciones y de toda Huelva porque Resurgir solo trabaja para los más necesitados.

—Última reflexión. ¿Qué destaca de los estos 25 años?

—Yo diría una frase de un general romano: “Lo hicimos porque no sabíamos que era imposible”.

Una entrevista de Ernesto B. Seijas

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