La mañana de sol en el “día de los mayores” y después de varias horas en repasar algunos apuntes y gestiones, me invitaba a hacer una escapada para encontrarme con mi abuelo, teniendo la seguridad de disponer de su tiempo para compartir un vinillo, que él suele servirse en vaso muy pequeño, acompañado de media loncha de mortadela, detalles estos, que forman parte de su costumbre y no por motivos de ahorro, ya que sus disfrutes en la mesa son siempre en porciones muy pequeñas y nos sirven a ambos para hacer más amena cualquiera de sus aventuras, que siempre busqué con disposición y sin prisas.

Abriendo la puerta con mi llave, lo encontré en el salón. El sol que penetra a través de los cristales del balcón, le calienta las piernas que a su vez, cubre con una manta de lana hecha por mi hermana, con restos de madejas de colores, de trabajos anteriores.

Desde atrás y con gran algarabía ¡felicidades abuelo, hoy es tu gran día!, le propino un fuerte beso y… sorpresa, en sus manos, una calculadora. ¿Qué cuenta estas echando abuelo?, “niño, me dice” ¿tú sabes si nos han recortao la pensión? Una sonrisa cruza mi rostro y bromeo con él hasta sacarle toda la parte de humor y desparpajo que siempre le caracterizó, reímos y de pronto, se para en actitud de confidencia y me susurra, – “tu abuela me tiene preocupado hace varios días”, ¿que ocurre? pregunto, “que no quiere ir a la compra porque siempre le duele la cabeza y me dice que vaya yo”. Tienes que tener cuidado abuelo, le digo, ella no debe cargar con peso, para evitar que se haga daño.


¡Que peso, ni peso niño! ¿Has visto como está la nevera? dos lonchas de mortadela, un “yogu naturá” y media botella de agua fresca, esto no va bien, o nos arreglan la pensión o aquí nos da un flato. La abuela entra en escena al escuchar lo de la pensión, trato de disimular y le pregunto, ¿que ocurre abuela con esos dolores de cabeza?. “Mira hijo”, me dice, “pa llená” la despensa, se necesita un contable con un móvil/calculadora, pa conseguí er precio justo de la loncha de mortadela, con el 70% de descuento en la segunda unidad, porque hay que comprar tres y pagar dos, un bono de descuento del 20%, si combina con dos botes de limpia suelos y si coincide con el día del tique de regalo y la promoción de temporada y descuento de prerrebaja. Si compras un pollo y medio, te regalan dos puntos para la compra de una lata de tomate a descontar de la próxima compra, junto con una caja de avecren pá er pollo y al 50% de su precio y si quiero comprá er yogú que le gusta a tu abuelo, tengo que coger un paquete de doce con dos de regalo, con lo que las seis primeras unidades, te salen un 20% menos, pero tu abuelo, se puede atragantar de yogú, ante de que vaya a caducar. Comprenderá que yo no estoy pá tanta cuenta, aparte de que se me olvidó si he cogío las perchas que me regalaron cuando compre el bidón de polvos de lavar” .

Yo “escuchao” que esto es malo pa la salú, así que afín de cuentas, como tu abuelo y yo comemos “una cosita lijera “, tenemos bastante con un pescaíto cocío y por la noche, tortillita floja y yogú desnatao.

Mi abuelo y yo, nos miramos con una camuflada pero amplia sonrisa, por el lío que tiene la abuela con la dichosa compra diaria, motivo aparente de su dolor de cabeza. En el fondo, me dice guardando la calculadora, tenerla a mi lado es todo lo que necesito, porque aunque “relate”, siento que su temperamento sigue vivo y estando siempre juntos… pan y cebolla.

Una vez más, voy de regreso a casa, con la sensación del disfrute de su compañía y de comprobar que entre mis abuelos, existen sensaciones mucho más profundas que un simple problema de suministro.

Leo